Me tomó todo este tiempo sentarme a escribir. Primero no podía por
la angustia. Empezaba a llorar cada vez que intentaba poner en palabras lo que
sentía o lo que había pasado. Muchas veces llore mientras escribía una entrada
de blog, pero generalmente se me escapan las lágrimas mientras tipeo.
Y es hora entonces de confesarme un ser
patético en este nuevo blog: los primeros días llorar era llorar aguantando los
gritos con una almohada, llorar en el rincón de atrás de la puerta, llorar
tirada en el piso en posición fetal, llorar en el piso estirada como una
estrella de mar. Lloraba y lloraba. Y lloraba en cualquier momento que nadie me
viera. Llore en la ducha y mientras comía, y mientras trabajaba y caminando a
mi casa. Y en el colectivo me aguantaba el llanto. Lloraba cuando me dormía y
lloraba cuando me despertaba. Y estaba bien y tranquila y de repente me volvía
el llanto y me tenía que encerrar hasta calmarme. Necesitaba distraerme con
cualquier cosa para que no vinieras a mi cabeza a hacerme llorar.
No siempre lloraba de angustia. Muchas veces
lloraba de bronca, contra todos. Nadie zafo en mi intento de sacarme la
angustia de encima. Los culpe a todos, me culpe a mí y a vos, y a nuestras
familias, amigos y al clima y al perro y al gato. Estaba enojada. Y ahí se
entiende fácilmente que los primeros días fueron para mí todas las etapas del
duelo, sucediéndose una detrás de otra. En órdenes aleatorios, repitiéndose y a
veces ocurriendo en simultáneo. Incredulidad y Shock. Negación. Ira.
Negociación. Angustia. Apatía y tristeza.
"Quizás si hubiera reaccionado
diferente...", "Quizás si trato de que seamos amigos...",
"Es un tiempo y va a entrar en razón...", "¡Ya me vas a extrañar
y te voy a mandar a cagar!", "Si vuelve lo voy a hacer sentir un rey
hasta el ultimo día de su vida.”, “Todo es su culpa", "Todo es mi
culpa", "Todo es culpa de su madre", "Soy un ser horrible y
olvidable, nadie se quedaría conmigo.", "Soy una mujer increíble,
nunca va a encontrar otra como yo.”, “Lo necesito.", "Estoy mejor sin
él".
Y me encontraba continuamente pensando
"¿Y si volvemos?” Y entonces no respondía whatsapps ni mensajes de
facebook que lo hubieran puesto celoso, ni borre ninguna foto que no iba a
poder recuperar. Pensaba en teñirme el pelo de violeta y hacerme piercings
y raparme media cabeza y descartaba la idea porque podían impedirme esa
gloriosa y dulce esperanza de que entrara en razón y volviera conmigo.
Pensé que nunca lo iba a aceptar, y sentía
que cada cosa que hacia lo alejaba mas y mas de mi. Y entonces reaccione. Me vestí
bien y me maquille, pero no por si me lo cruzaba en la calle, ni para hacerme
sentir menos miserable. Me vestí bien y me maquille y me hice las uñas y dibuje
y dibuje y dibuje y me di baños larguísimos y me hice los pies y me puse crema
y me exfolie los poros. Y vi películas y salí a caminar. No estaba decidida a
ser feliz sin él ni a demostrarle nada. Simplemente fue darme cuenta de todo lo
que me hacia bien y nunca hacia porque nunca tenía tiempo o porque me sentía
cansada. No empecé a hacer todo eso para olvidarme de él. Me die cuenta de que
lo hacía por razones que no tenían nada que ver con él. Tenía que ver conmigo.
A MI siempre me gusto tener la piel suave y limpia. A MI me gustaban las uñas
pintadas. A MI me encantaba dibujar y siempre sentía que me faltaba tiempo. Todo
dejo de tener que ver con él.
Igual suena instantáneo pero no lo fue, empezó
con cosas que hacía por si me lo cruzaba y para distraerme de su ausencia. Después
de un tiempo me di cuenta de que lo disfrutaba y de que hacía muchos meses que
no hacer todas esas cosas me había amargado mucho. Me empecé a plantear real y
seriamente que en realidad no lo necesitaba para ser feliz ni para divertirme y
para que se pasen los días. Ya no era yo convenciéndome de que estaba mejor sin
él. Era yo dándome cuenta de que mi vida no se terminaba, de que si bien
extrañaba muchísimas cosas había ganado muchas otras. Deje de fantasear que volvía
conmigo, deje de hacer o no hacer cosas "por si volvíamos". Empecé a
vivir y a prepararme para ese volver o no volver con él, para tomármelo como lo
que era: una posibilidad. No estaba negada a tenerlo de nuevo en mi vida, no
estaba negada a que no fuera él y si fuera otro. Volvió a ser uno más entre los
potenciales hombres que pueden llegar a ser el amor de mi vida.
Y entonces entendí que cuando le dije que
estaba mejor era mentira. Entonces entendí lo que pasaba y me quite de la
cabeza la idea de "Si volvemos va a volver a pasar lo mismo". Ya no
me sentía un monstruo que iba a fracasar en todas sus relaciones, que nunca iba
a poder ser feliz con alguien.
Entendí algo a lo que había renunciado. Entendí
que no era suya y que él no era mío. Que nunca nos habíamos pertenecido. Que la
libertad era saludable y las cadenas engañosas y negativas. Entendí que lo ame
y que me amo y que todavía lo amaba cuando él me dejo. Pero me di cuenta de que
lo había amado sin entender bien que era el amor.
En los últimos días del 2014 mi anterior
novio me había dejado. Entonces empecé a escribir en todos lados una frase:
"Te equivocas. No quiero ser tuya. Quiero ser mía, siempre mía. Y de a
ratos compartirme contigo, siendo libre.". El autor todavía me es
desconocido.
Cuando me volví a enamorar negué esta
frase, la considere egoísta y sentí que el lugar más seguro era entre las
pertenencias de ese alguien insustituible en mi vida. Y entonces viví así,
cediendo mi vida y tomando su vida para vivir una vida compartida en todo
momento y en todos los aspectos. Y no quiero ser malinterpretada, amo pasar
infinitas horas con la persona que amo. Me encanta que me llamen cuando me
necesiten, y que me extrañen. Me encanta planificar como pareja, me encanta
compartir momentos y cosas y canciones. Quiero comprometerme y casarme. Creo en
siempre y para siempre. Creo en todo lo que la gente entiende por "ser
suya". No soy un "espíritu libre" que quiere vivir lejos de
compromisos y sin ataduras a nadie. No me arrepiento de todos los momentos
compartidos. Me arrepiento de mi concepción enfermiza de lo que era ser suya.
Entendí ser suya como dejar de ser mía. Entendí
ser suya como sentirme siempre culpable. Por momentos viví el ser nosotros como
ser suyos. Empecé a sentir que si no lo tenía me moría, a que los minutos
que no estaban con él eran grises y culposos. Y quizás no fue así como actué
pero así lo sentí. Y eso fue una mancha en mi espíritu, por que había deja de
elegir. Ya no lo elegía todos los días, ya no elegía pasar tiempo con él. En mi
cabeza pasar las horas con el era simplemente otro aspecto de ser suya y lo establecí
como el orden natural de las cosas. Entonces la relación no era una elección
sino un deber y un establecido. Y deje de cuidarlo porque simplemente era otra más
de mis rutinas. Era una obligación para mí el ir a verlo, y esa falta de elección
en mi cabeza me quito responsabilidad.
Ahora es diferente, soy diferente. Soy
distinta y más sana. Ahora valoro mis relaciones con los demás, con todos los
demás. Yo elijo llevarme bien con mis viejos y mis hermanos. Elijo una relación
cercana con ellos. Me llevo sorprendentemente bien con mi familia por que
cambie mi concepción sobre las cosas. Su demanda no es una carga, sus palabras
no hieren mi ego. No me ataco, no me enojo, no me encierro. No necesito
sentirme perseguida ni estar a la defensiva porque yo soy yo y no tengo razones
para sentirme juzgada. Hago y elijo lo que quiero y tengo que hacer. Y en mi
cabeza el sentir que yo elijo cambia mucho, aunque en el mundo externo no se
aprecie esa diferencia.
Y entonces concluí que lo extraño. Y no,
no es nostalgia de actividades compartidas, no es nostalgia de los chistes, las
caras, el sexo, la guitarra, la plaza, los juegos, los apodos ni los besos. No
es tristeza de los planes inconclusos de los sueños que no se dieron, nuestros
hijos y sus nombres, nuestra casa, nuestro casamiento ni nuestros viajes. Nos
extraño a nosotros, no a todas las pequeñas cosas que constituían nuestra
relación. Extraño las bases y conceptos en los que nos basamos. Lo extraño a el
por la esencia de su ser, no porque no sabría de donde sacar a otro chico alto,
lindo, cocinero, gracioso, músico, buena amante y que me arregle la
computadora. Lo extraño como persona.
Puedo entender que lo extraño a el por qué
puedo entender que lo elegiría de nuevo, y que elegirlo significa cuidarlo, porque
lo elijo todos los días. Todos los días de una vida tienen elecciones, tienen
decisiones. Y si uno puede decidir entonces tiene el deber de dar lo mejor de sí
al ejecutar su propia elección. Y entonces poder hacerlo feliz, sintiéndose
libre y conectado a la vez.
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