lunes, 9 de mayo de 2016

Conclusión 1

    Me tomó todo este tiempo sentarme a escribir. Primero no podía por la angustia. Empezaba a llorar cada vez que intentaba poner en palabras lo que sentía o lo que había pasado. Muchas veces llore mientras escribía una entrada de blog, pero generalmente se me escapan las lágrimas mientras tipeo. 

      Y es hora entonces de confesarme un ser patético en este nuevo blog: los primeros días llorar era llorar aguantando los gritos con una almohada, llorar en el rincón de atrás de la puerta, llorar tirada en el piso en posición fetal, llorar en el piso estirada como una estrella de mar. Lloraba y lloraba. Y lloraba en cualquier momento que nadie me viera. Llore en la ducha y mientras comía, y mientras trabajaba y caminando a mi casa. Y en el colectivo me aguantaba el llanto. Lloraba cuando me dormía y lloraba cuando me despertaba. Y estaba bien y tranquila y de repente me volvía el llanto y me tenía que encerrar hasta calmarme. Necesitaba distraerme con cualquier cosa para que no vinieras a mi cabeza a hacerme llorar. 

     No siempre lloraba de angustia. Muchas veces lloraba de bronca, contra todos. Nadie zafo en mi intento de sacarme la angustia de encima. Los culpe a todos, me culpe a mí y a vos, y a nuestras familias, amigos y al clima y al perro y al gato. Estaba enojada. Y ahí se entiende fácilmente que los primeros días fueron para mí todas las etapas del duelo, sucediéndose una detrás de otra. En órdenes aleatorios, repitiéndose y a veces ocurriendo en simultáneo. Incredulidad y Shock. Negación. Ira. Negociación. Angustia. Apatía y tristeza. 

       "Quizás si hubiera reaccionado diferente...", "Quizás si trato de que seamos amigos...", "Es un tiempo y va a entrar en razón...", "¡Ya me vas a extrañar y te voy a mandar a cagar!", "Si vuelve lo voy a hacer sentir un rey hasta el ultimo día de su vida.”, “Todo es su culpa", "Todo es mi culpa", "Todo es culpa de su madre", "Soy un ser horrible y olvidable, nadie se quedaría conmigo.", "Soy una mujer increíble, nunca va a encontrar otra como yo.”, “Lo necesito.", "Estoy mejor sin él".
Y me encontraba continuamente pensando "¿Y si volvemos?” Y entonces no respondía whatsapps ni mensajes de facebook que lo hubieran puesto celoso, ni borre ninguna foto que no iba a poder recuperar. Pensaba en teñirme el pelo de violeta y hacerme piercings  y raparme media cabeza y descartaba la idea porque podían impedirme esa gloriosa y dulce esperanza de que entrara en razón y volviera conmigo.

            Pensé que nunca lo iba a aceptar, y sentía que cada cosa que hacia lo alejaba mas y mas de mi. Y entonces reaccione. Me vestí bien y me maquille, pero no por si me lo cruzaba en la calle, ni para hacerme sentir menos miserable. Me vestí bien y me maquille y me hice las uñas y dibuje y dibuje y dibuje y me di baños larguísimos y me hice los pies y me puse crema y me exfolie los poros. Y vi películas y salí a caminar. No estaba decidida a ser feliz sin él ni a demostrarle nada. Simplemente fue darme cuenta de todo lo que me hacia bien y nunca hacia porque nunca tenía tiempo o porque me sentía cansada. No empecé a hacer todo eso para olvidarme de él. Me die cuenta de que lo hacía por razones que no tenían nada que ver con él. Tenía que ver conmigo. A MI siempre me gusto tener la piel suave y limpia. A MI me gustaban las uñas pintadas. A MI me encantaba dibujar y siempre sentía que me faltaba tiempo. Todo dejo de tener que ver con él.

        Igual suena instantáneo pero no lo fue, empezó con cosas que hacía por si me lo cruzaba y para distraerme de su ausencia. Después de un tiempo me di cuenta de que lo disfrutaba y de que hacía muchos meses que no hacer todas esas cosas me había amargado mucho. Me empecé a plantear real y seriamente que en realidad no lo necesitaba para ser feliz ni para divertirme y para que se pasen los días. Ya no era yo convenciéndome de que estaba mejor sin él. Era yo dándome cuenta de que mi vida no se terminaba, de que si bien extrañaba muchísimas cosas había ganado muchas otras. Deje de fantasear que volvía conmigo, deje de hacer o no hacer cosas "por si volvíamos". Empecé a vivir y a prepararme para ese volver o no volver con él, para tomármelo como lo que era: una posibilidad. No estaba negada a tenerlo de nuevo en mi vida, no estaba negada a que no fuera él y si fuera otro. Volvió a ser uno más entre los potenciales hombres que pueden llegar a ser el amor de mi vida. 

          Y entonces entendí que cuando le dije que estaba mejor era mentira. Entonces entendí lo que pasaba y me quite de la cabeza la idea de "Si volvemos va a volver a pasar lo mismo". Ya no me sentía un monstruo que iba a fracasar en todas sus relaciones, que nunca iba a poder ser feliz con alguien. 

           Entendí algo a lo que había renunciado. Entendí que no era suya y que él no era mío. Que nunca nos habíamos pertenecido. Que la libertad era saludable y las cadenas engañosas y negativas. Entendí que lo ame y que me amo y que todavía lo amaba cuando él me dejo. Pero me di cuenta de que lo había amado sin entender bien que era el amor. 

            En los últimos días del 2014 mi anterior novio me había dejado. Entonces empecé a escribir en todos lados una frase: "Te equivocas. No quiero ser tuya. Quiero ser mía, siempre mía. Y de a ratos compartirme contigo, siendo libre.". El autor todavía me es desconocido. 
         Cuando me volví a enamorar negué esta frase, la considere egoísta y sentí que el lugar más seguro era entre las pertenencias de ese alguien insustituible en mi vida. Y entonces viví así, cediendo mi vida y tomando su vida para vivir una vida compartida en todo momento y en todos los aspectos. Y no quiero ser malinterpretada, amo pasar infinitas horas con la persona que amo. Me encanta que me llamen cuando me necesiten, y que me extrañen. Me encanta planificar como pareja, me encanta compartir momentos y cosas y canciones. Quiero comprometerme y casarme. Creo en siempre y para siempre. Creo en todo lo que la gente entiende por "ser suya". No soy un "espíritu libre" que quiere vivir lejos de compromisos y sin ataduras a nadie. No me arrepiento de todos los momentos compartidos. Me arrepiento de mi concepción enfermiza de lo que era ser suya.

          Entendí ser suya como dejar de ser mía. Entendí ser suya como sentirme siempre culpable. Por momentos viví el ser nosotros como ser suyos. Empecé  a sentir que si no lo tenía me moría, a que los minutos que no estaban con él eran grises y culposos. Y quizás no fue así como actué pero así lo sentí. Y eso fue una mancha en mi espíritu, por que había deja de elegir. Ya no lo elegía todos los días, ya no elegía pasar tiempo con él. En mi cabeza pasar las horas con el era simplemente otro aspecto de ser suya y lo establecí como el orden natural de las cosas. Entonces la relación no era una elección sino un deber y un establecido. Y deje de cuidarlo porque simplemente era otra más de mis rutinas. Era una obligación para mí el ir a verlo, y esa falta de elección en mi cabeza me quito responsabilidad. 

          Ahora es diferente, soy diferente. Soy distinta y más sana. Ahora valoro mis relaciones con los demás, con todos los demás. Yo elijo llevarme bien con mis viejos y mis hermanos. Elijo una relación cercana con ellos. Me llevo sorprendentemente bien con mi familia por que cambie mi concepción sobre las cosas. Su demanda no es una carga, sus palabras no hieren mi ego. No me ataco, no me enojo, no me encierro. No necesito sentirme perseguida ni estar a la defensiva porque yo soy yo y no tengo razones para sentirme juzgada. Hago y elijo lo que quiero y tengo que hacer. Y en mi cabeza el sentir que yo elijo cambia mucho, aunque en el mundo externo no se aprecie esa diferencia.

           Y entonces concluí que lo extraño. Y no, no es nostalgia de actividades compartidas, no es nostalgia de los chistes, las caras, el sexo, la guitarra, la plaza, los juegos, los apodos ni los besos. No es tristeza de los planes inconclusos de los sueños que no se dieron, nuestros hijos y sus nombres, nuestra casa, nuestro casamiento ni nuestros viajes. Nos extraño a nosotros, no a todas las pequeñas cosas que constituían nuestra relación. Extraño las bases y conceptos en los que nos basamos. Lo extraño a el por la esencia de su ser, no porque no sabría de donde sacar a otro chico alto, lindo, cocinero, gracioso, músico, buena amante y que me arregle la computadora. Lo extraño como persona. 

            Puedo entender que lo extraño a el por qué puedo entender que lo elegiría de nuevo, y que elegirlo significa cuidarlo, porque lo elijo todos los días. Todos los días de una vida tienen elecciones, tienen decisiones. Y si uno puede decidir entonces tiene el deber de dar lo mejor de sí al ejecutar su propia elección. Y entonces poder hacerlo feliz, sintiéndose libre y conectado a la vez.












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